domingo, 6 de septiembre de 2015

La laguna atestada




Salí de la laguna barrosa y atestada,
retirándome a su debido tiempo.

Aplacaba mi sed  
agua pisoteada,
agua de charco.

En la escasez surgían
brutales forcejeos,
sinrazones del instinto.

Salí a buscar aquel lejano río que conozco,
en donde curan frescos remolinos
mi humor y mi esperanza,
y donde bebo de la azul corriente
con la cuchara de mis propias manos,
donde las horas se distienden
en los abrazos de una vida gravitante,
y donde vuelan las sublimes mariposas
en la humedad de mis retinas.

Salí de la laguna, exánime,
con mi rostro de barro,
por tanto tiempo de manada
que me impedía un baño de mí mismo.


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