miércoles, 9 de septiembre de 2015

Juan de Yepes en éxtasis


Su rostro, imagen de divino asombro,
su cabello cayéndole en el hombro
—humano dios de mística invencible—,
me cubren de embriaguez incontenible.

En la sombra profunda de sus ojos,
llamarada de ingénitos antojos,
juguetean los pájaros del mundo
—y un brioso Mefistófeles jocundo—.

Su boca, corazón de la manzana,
es un llamado rojo en la ventana
de la noche. Lo miro en el trasluz,

entre el destello de su eterna gloria
y el hombre; llama y sangre absolutoria.
—¿Buscas amar carnalmente la luz?


No hay comentarios: