jueves, 10 de septiembre de 2015

El silencio de Rimbaud




A veces las palabras caen de su árbol
y anhelan retoñar en la tierra con su propio sonido,
arropado en las mismas vocales y consonantes;
y preñadas en la mudez, anhelan derramar
frutos idénticos.

Si todas las palabras sueñan de lo mismo,
el árbol retrocede en desnudez grotesca,
los pájaros lo rehúyen, porque el canto se hace insostenible
ante tanto vacío que absorbe los ecos de sus vibraciones;
y los rayos del sol, antes vertidos en los matices de las hojas,
caen de pleno sobre el verso cual cuchillos de varas encendidas.

Entonces, cualquier sitio de la tierra es siempre páramo,
y más vale entregarse al tiempo, con el mismo afán
que un mercader de armas buscando fortuna,
esperando que las palabras admitan
su naturaleza de conjunto.


No hay comentarios: