sábado, 19 de septiembre de 2015

El bajo vuelo




El doliente trastorno que puede padecer un pájaro
es persistir de rama en rama
como única manera de locomoción,
aunque a veces también lo logre
sobre las ancas de un rinoceronte.


Remos las alas, lucha en navegar a la deriva,
y soporta a duras penas
los furiosos puñales de las ráfagas
que deciden la suerte de los altos vuelos.

Sufre el temor de las tardías migraciones,
la impenitente búsqueda del orto,
de las quimeras ancestrales de la especie.
Sufre la exposición al riesgo
y la eventualidad de la derrota.

Los dioses pájaros llaman de las alturas,
desde las frías cumbres del instinto,
cumbre difícil de alcanzar sin alas ancestrales
templadas en violentos ventarrones.

El pájaro parece atarse al miedo
y se esconde en las cuevas del follaje,
y en la fornicación para matar su hastío,
moviéndose grotesco con sus saltos de rana,
encadenado al ámbito del nido.

Como un monje a su fe suicida.


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