viernes, 18 de septiembre de 2015

Dueño de mi alma



                                    Posiblemente sea la inercia quien te salve. (Ramón Carballal)


Poseo casi todas 
las rosas anheladas por la lluvia,
pero mi surco es todavía infértil.
Me asfixio, a veces, 
en las holguras de mis horas,
cuando, una vez despierto, 
recibo en el letargo de mi cama
la dura luz de la conciencia.

Y sin embargo, no ansío cambio alguno,
nada de nuevas amistades,
nada de nuevas aventuras,
nuevos piojos en mis pelucas.
Nada de separarme de mi viejo amor.

Antes de los flirteos 
supe observarme en este espejo,
en este oficio de dura artesanía,
en los ajados tactos de mis manos.

Hace décadas,
hace fríos,
hace mundos.

En esta guerra gladiadora, 
de lucha en las tinieblas,
en medio de la nada y rumbo hacia el desangre,
es el único alivio sentirme en mi armadura
dueño de mis lesiones,
señor de mi agonía,
verdugo de mi muerte.


No hay comentarios: