viernes, 11 de septiembre de 2015

Dormir bajo las alas muertas




Salí sin besarla,
ella se encontraba ya dormida.

Narraba la televisión
una historia de amor y guerra de los mongoles.

Me detuve en el patio de una noche esteparia,
de soledad de libro abierto,
reclamando a los dioses del destino
un aldea más próxima a su anhelo.

Los días, las felices anécdotas
de la pasión remota, ¡ay!,
“las palabras no vuelan ya su risa,
no emprenden ya sus labios”.

Cuando volví, seguía ella agua
en el curso del sueño, ausentemente
ajena a los combates del mongol.

Mi desvelo se encuentra en lo perdido.
Me descamo, una noche más, en el epílogo
de una fatal historia de pasión.



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