jueves, 10 de septiembre de 2015

Despedida




No ambiciono tu cuerpo
sino la luz que de tu cuerpo emana.
No me hechizan tus labios
sino tus besos.

Yo adoro lo intangible que irradiaste:
tu risa, por ejemplo,
blando sonido de mi dura soledad,
eco de la garganta montañosa, eco
constante, eco que regresa
de la canción que en los cañones quietos
entonábamos juntos.

Anhelo que mi ida -cuánto anhelo-,
no arroje sobre ti necesidad de olvido,
y sea este amor en tu memoria
un dulce eco.


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