martes, 1 de septiembre de 2015

César Vallejo



De tanta muerte en vida te moriste
con una cruz de angustia sobre el hombro.
César Vallejo, en mi canción te nombro
y en esas piedras de París que ungiste.

Te desterraste en un adiós lluvioso,
un cielo santo de un azul violeta,
sobrellevando el corazón poeta
las manos frías y el gabán rotoso.

Deja ya de morir, inca salvaje,
ven a engrosar la lucha narrativa,
ven a la voz del grito, sensitiva
metralla de talento y mestizaje.

Con lluvia, soledad y tus decesos,
adiéstranos en el dolor de huesos.



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