domingo, 13 de septiembre de 2015

Anhelo de soledad




Huyan. Huyan todos de mí. No me roben la claridad.
Ocúltense de mi horizonte. Ha caído el paño del sol.
Todo un infinito desciende de entre las hojas de los árboles.
Déjenme toda la amplitud de mi campo de acción.

Resuelto en mi digna tarea, con mis pulmones en la aurora,
antes que me acongoje el día, antes que la tierra se incendie
y haga leño de mis impulsos, con hacha al puño,
grandes árboles con pasión y embebido en el tiempo talaré.

Aquí, en la oscura soledad, donde arrecian las tumbas solas,
entre cantos de extrañas aves que abandonaron sus gorriones,
entre moscas y serafines y acompasados movimientos,
con mis músculos firmes y mi corazón de madera . . .

en el mármol de la madera la vida misma tallaré.
Así, pues,  huyan, solo déjenme con mi noble labor.


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