martes, 22 de septiembre de 2015

Al conocerla




Una noche de invierno, y por azar,
emanaba su gruta carmesí
esmaltados sonidos, era un mar
de irrefrenables olas, frenesí.

Del ensueño caía un chorro ardiente,
la coruscante lluvia de su charla.
Una idea febril surcó mi mente:
“¿algún mortal querría silenciarla?”

Desnuda en el delirio de mis ojos,
la media luz de un tálamo futuro
acogió mis eléctricos antojos.

Su risa me sustrajo el paraíso,
volví a la realidad de aquel oscuro
embeleso, mirándola indeciso.


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