viernes, 25 de septiembre de 2015

Adiós a los muros




Nunca más se detengan tus ojos en los muros
donde incontables ojos pierden los crepúsculos.

Que no ocupe tu tiempo la monodia del ocio,
la insolencia del grillo, la angustia del insomnio.

No regrese este invierno de sangre en la rutina
el patio del rendido sobre las piedras frías.

Ni enlazado a la noche, ni en las charlas soeces,
ni en la vaga vigilia que se expande de adrede.

No recubras tus horas en los juegos de azar,
y no sean tus pasos un acto maquinal.

En el nido del sueño de tu nueva almohada
el pájaro del odio desplegará sus alas.

Estas horas desiertas de barrotes sombríos,
esta herida del alma, del corazón herido,

serán dientes del lobo, púas soterradas
bajo el frío del tiempo en la memoria helada.

No mirarás los muros en el mañana alegre.
Y estas duras tristezas serán de los ayeres.


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