lunes, 17 de agosto de 2015

El anciano


Cual áspero reclamo,
cual trémula plegaria,
se pierde en el vacío
su melodía lánguida;

y al cielo solicita
tan sólo una jornada,
un trecho, ¡sólo un día!,
para hurgar sus entrañas,

y saciarse de dulces
vivencias acalladas
que dóciles perduran
en el fondo del alma.

El hombre ya no existe:
el ímpetu, la danza,
la sangre enardecida,
los fuegos, las fragancias.

Empero aún existe:
la carne extenuada,
el dolor del destierro,
la imagen de la infamia.

Hoy es sólo canción
de la desesperanza:
anhelo de la inercia
en la infinita instancia.

Cenizas inminentes,
espera involuntaria
de pétalos marchitos
que perdieron sus auras.

Humana letanía,
estéril, frágil, vana,
que ineficaz se pierde
en la tierra cansada.

Echando sus raíces
en árida esperanza,
esclavo del anhelo
enronquecido clama

reformas a la ley
de la vida cansada.
Y pierde ante el dolor,
y pierde ante la Parca.



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