martes, 25 de agosto de 2015

Conversando con el silencio


Silencio, franqueado por millones de voces, zumbado por miles de pájaros,
por los interminables ruidos de las calles. Continente de mi zozobra.

Ahora eres el mutismo de mi bilis, la afonía de mis radicales libres,
y yo solo en la evocación hasta el espanto, sin pensamiento amigo,  
sin un alma alrededor mío, sin una hoja fantaseando en el aire una danza.

Silencio alrededor. Desde las fauces de vacíos caen las flores del jardín.
Salgo al patio y espero a que venga la aurora, destrozando la bruma,
amordazando tras las copas de los árboles, desplegándome el cielo de mi herida.
Con sólo el gran callando alrededor.

Corre, más lenta, que te pueden oír, luna, símbolo de mudos amantes,
repite nuestra cita, acércame a sus ojos, susúrrale en la concha de su oreja
las perlas que le callo: “inicié esta cruzada por nosotros,
sólo espero tu aprobación. ¿Quieres acompañarme en la lucha insurrecta?
Nosotros marcaremos el silbido y la actitud. Nada debe quedar así, ocultando
este lugar de podredumbre y desacuerdo”.

Él se encuentra impaciente, arrojará al viento de su enrejado contorno
tus espejos, tus polvos, tus perfumes. En silencio, mi amor.
No quiere ser esclavo de tu ausencia. Él sabe que te sienta
mucho mejor la risa franca, nuestras nobles atmósferas de charlas.
¡No temas a sus largas horas! Yo seré el anarquista de todos sus atajos,
construiré barricadas en sus calles. Atisbaré sus huellas.
Los ardores vendrán encolumnados en nuestra ayuda, nuestra defensa.
¡No tiemblo ante su látigo de tiempo! Ya me puse de acuerdo con la noche.
Vadearé sus sombras. Desobedeceré a mi tigre de asalto,
movido por mi amor rebelde.

Me levantaré abriendo las entradas a la casa, los costados de las murallas.
Ven conmigo amor, por nosotros. Acá, en casa, haces mucha falta.
Hoy será luna llena. Te acogeré como el primer amante que fui,
con el niño de mi emoción. ¡Ven, ven a nuestra casa, amor! En silencio.


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