miércoles, 19 de agosto de 2015

Buen día presidiarios




¡Buen día, presidiarios!
Os habla el gran Perverso,
con la enorme misión
de insuflaros paciencia,
ánimo y perspectiva.

Abrid vuestras ventanas
y ved el alto muro
(el gran triste amarillo),
freno de toda dicha
y de toda mirada.

¡Vamos! ¡Vamos! ¡Arriba!
Erguíos, observad
más allá de los muros
el cielo, el sol, los pájaros,
la bella libertad.

Tú, marica, el último
de las dos mil ventanas:
ven acá, ven acá:
saluda a tus cochinos;
exígeles en público
que cumplan las promesas
dadas en el instante
de la gloria al señor
de los cielos eróticos;
que cumplan estos chanchos
la palabra de amarte,
de protegerte y todo.

Tú, ciego violador,
muéstrate penitente,
contrito y di “jamás
repetiré mi crimen”.
Ella sigue su vida,
abordando autobuses,
y observa las ochavas
con su temor a ti.
Saluda, da el ejemplo.
Levanta tu oración
y entona dulces salmos
con descaro real.

Drogadictos, ladrones,
verdugos de inocentes,
engendros desviados,
envidiosos, lascivos,
psicópatas del canto,
ruinas de la esperanza,
criminales de sueños,
cangrejos de la gloria,
crónicos mentirosos:
¡salid, salid, salid,
salid de vuestro encierro!

Abandonad por hoy
el presidio del yo.
¡Todos a sonreír,
todos a saludar!

La mañana es pura,
la vida aún es vuestra,
y vuestro el cielo, el sol
del hombre que está libre.




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