martes, 16 de junio de 2015

Yo y los otros




Innumerables hombres, los que pude
existir, como tantos los caminos.
Una duda mi espíritu sacude:
¿qué leyes determinan los destinos?

Tantas sendas posibles en la vida
y todas por igual son transitables;
mas una, sin embargo, es la elegida
por cábalas celestes e insondables.

Aquellos hombres que ya nunca he sido,
suceden en submundos paralelos
a esta voluntad de haber nacido. 

Querría descubrir la causa, el nido,
y descorrer los misteriosos velos:
¿por qué arbitraje sólo yo he vivido? 


Al ritmo del adiós





Tu vida se hace barro ante mis ojos;
y en la restauración de cada lluvia,
se empantana el deseo.

Sufro el recato de tu desnudez dormida,
aunque tu piel
sigue inflamando las auroras.

De a poco tu lascivia se hace eco
de nuestros fatigados corazones,
de todo lo perdido para siempre.

Mientras el mundo sigue tras la dicha,
busca mi yo la noche inmaculada
al ritmo riguroso del adiós.