martes, 11 de junio de 2013

Amiga mía



El diálogo es dilatado como la pupila iluminada del Infante. 
                                                                           (E. R. Aristy)



Amiga mía,
las notas de palomas mensajeras conducen nuestro aire,
y el aire se desmiga en lluvia,
sosegados torrentes para mis oídos.
Por favor, nunca hablemos del invierno,
de aquellos tropezones de los ojos en los pardos colores de la vida,
siempre seamos libres de crepúsculos estériles,
de inabordables sombras vivenciales.
Que la ilusión navegue todavía
como una balsa de ultramar de la rutina, repleta de abalorios
para tus sueños consentidos, por esperar mis noches,
las confesiones de mis noches, mis ambiciosos pensamientos.

A veces me traicionan las palabras, y esa infame simpleza
pretende revelar el vivo sentimiento detrás de tu mesura,
las alas de tu espíritu, los rostros de tu historia,
los latidos sangrantes de tu infinitud.
Entonces me estremezco vergonzoso ante tu voz que no responde,
y busco estar tan solo como el alma del hombre,
con el rumbo perdido de mis tristes palomas,
rota la ruta de nuestros audaces ímpetus.

Cuántas gracias surcaron otras nubes:
chispas, gracejos, ocurrencias, en tiempos de mi inexistencia,
mientras almacenabas los temblores para mi arrebato
de hombre enmascarando su génesis primate.
Qué posible sería la fiesta de la plática contigo
sin los ecos de cláxones de tus lejanas vías,
ahora que no existen cautelas para el miedo
de arrancarnos las infantes palabras.

2 comentarios:

F.E.León dijo...

Óscar, quizás este excelente poema tuyo tenga muchas de las características de la poesía de la experiencia, sin ser en principio algo bueno o malo, yo diría que está bien, pues al fin y al cabo, al menos en España, ha sido la única tendencia que se consolidó durante un tiempo en esta época en la que cuando advertimos algunas cosas ya se han marchado, y en la que alguna vez estuvieron poetas importantes como García Montero o Ana Rossetti. Pero bueno, es solo una observación, a través de la que me gustaría saber si llevo algo de razón, más que nada por vanidad, porque lo importante, Óscar es la calidad del poema, y le brota en cada verso.

Un abrazo.

Óscar Distéfano dijo...

Últimamente he entrado muy poco en este blog mío. Como bien lo habrás notado, casi nadie visita estos sitios. Me sorprende el interés que vienes demostrando en mis trabajos, y te lo agradezco de corazón. Si tienes interés en platicar sobre poesía, creo que podría hacerme de tiempo para ello. No sé hasta dónde llega tu amor por la poesía, pero, para mí, es algo esencial, trozos de mi propia existencia que fueron desprendiéndose con el tiempo. En cada poema mío existe un contenido autobiográfíco (hasta en los poemas homenajes). Es probable que este poema en particular contenga ingredientes de la poesía de la experiencia, aunque, su principal diferencia radicaría en el hecho de que huye del retoricismo exhibicionista; es decir, no está escrito para buscar una popularidad rápida, o un lugar entre los poetas contemporáneos. A mis sesenta años sólo busco ennoblecer mi alma en lo que pueda, y preparar mi imagen poética para regalárselo a mi descendencia. Escribo desde los catorce años, y nunca he parado. Mi método consiste en seguir corrigiendo poemas de 20, 30 o 40 años. Nuevamente te doy las gracias por el tiempo que te has tomado en leer mis trabajos. desde ya, te digo que cualquier observación tuya será atendida con todo respeto, ya que cualquier poema exige su propio perfeccionamiento.

Un abrazo grande.
Óscar