domingo, 7 de marzo de 2010

¿Para qué quieres tú la eternidad?



I
En territorio de los sueños,
las ofrendas de tu rutina
se arropan en las nubes de la calma.
Todo es cálido y perfecto en ese mundo,
río sin mar y brisa en dulce remolino
dentro de tu memoria libre.

Surcan tus aves los cielos más profundos
con sus alas en bucles,
hojas de ingravidez en el aire infinito,
celeste lluvia de recuerdos
purgando las ruindades cotidianas.

Vives tu eternidad.

II
¿Y si el agua dejase de verterse en tu piel,
si la brisa cesara su murmullo,
si las horas no te pertenecieran,
las estaciones,
la muerte en el umbral del tiempo
apremiándote en tu alegría de vivir?

¡No! Despierta, despierta
a los plenos matices de la rosa
entregada al jardín del día,
hasta el renacimiento del crepúsculo,
donde tu corazón se hiera al rojo vivo;
y en sangre apasionada,
la vida se distancie de nosotros,
amargamente,
como un buque llorado desde el puerto.

No sólo en ti la noche se derrama,
también mis ojos sufren su negrura inmortal.