viernes, 11 de diciembre de 2009

Que nunca alivie la palabra



Desborde, pues, la boca del poeta,
los vientos encrespados en las grutas del ocio,
los pólenes ingrávidos
en nudos de inquietud y de infinito,
ansiosas melodías enlazadas en la bruma del sueño.

Aneguen los abismos de la tarde
fulgores de las cosas, y cada pétalo se ondule
al ansia inmemorial de sus matices, al jugo codiciado
de su néctar, al pájaro arquetipo,
con todo su despliegue.

Mas nunca la palabra repare el infortunio,
el caos del espíritu, la oscura plenitud de su desorden,
ni intente descifrar el tedio de la luna,
y sólo ponga nombres con sus vocablos tristes
a cada evocación de la tristeza.