domingo, 28 de septiembre de 2008

Agonía del rosal




No existe premura en la agonía
del rosal que ofrece,
asfixiado, débil,
en el gris otoño sus mustios colores.

Hace interminable su martirio
de morir a solas,
tapera de pájaros e insectos,
bajo las granates dagas del crepúsculo.

Ninguna deidad se descubre
resuelta a extinguir la indigna hermosura,
un soplo celeste que arrebate
los ocres colgajos.

Sólo la silente infinitud
—eterna clepsidra—,
abre a cada gota de vencido pétalo
sus labios terrosos.