domingo, 14 de septiembre de 2008

La tarea de cada día



Me esmero en ser un hombre renacido,
aspirando la sal amanecida
de las voces tozudas de la vida
para brindarle al alma su latido.

Mas el fuerte caudal me arroja herido
en desconsuelo mudo, pues soy ida
de una barca flotando corroída
hacia el mar infalible del olvido.

Cada noche, hiriéndome el espejo,
redescubro en mi rostro el cruel esquema
de un rictus fragmentado en mil razones;

y reinicio en el puzzle del reflejo,
tras arduas horas de labor extrema,
el rearme tenaz de mis facciones.