martes, 9 de septiembre de 2008

Los besos-pájaros



Por la calle de tierra
sus ojos —fuegos pardos—,
su timidez enorme,
venían sobre el polvo levitando.

El rubor la escaldaba
entre suspiros castos.
Al pasar ante mí, sonriente,
miles de besos-pájaros
volaban de su boca.
Yo pretendí atraparlos
en una bocacalle.
Como húmedos peces me esquivaron
y a todos los perdí.
Escapó, rumbo al campo,
al mar de la espesura,
al viento la pollera, ambas manos
prendiéndose del bies,
lanzándome en el rostro, a cada tanto,
la risa a carcajadas,
mientras sus rotos labios
cedían a la fuga
de los últimos besos-pájaros.