jueves, 17 de julio de 2008

Noche callada



La confundida oscuridad se orienta
con lúcida mirada en el abismo,
y descubre el absurdo parpadeo:
el abrir y cerrar los ojos fríos.

Doble sombra —en la noche y en el alma—,
y sólo el tiempo insiste en ser el mismo:
déspota en sus anchuras de impiedad,
dimanando poderes infinitos.

Los pétalos sangrantes de las rosas,
en el mustio vergel oscurecido,
perduran en sus débiles fragancias
como fluyendo de cansados siglos.

La confundida negritud se inquieta
en el aire que absorbe el mudo grito,
mientras retumba en el rincón del patio
la melodía átona de un grillo.

lunes, 14 de julio de 2008

Tu cántaro


                              A mi hermana Myrtha

Tu cántaro reboza
y espera
a los sedientos caminantes.

Espera la sed enferma
para saciar y curar,
pues tu cántaro contiene
fresca agua de recias lluvias,
de aguaceros estivales
recogida con pasión
y esfuerzo.

Tu cántaro reboza
y espera
a los viajeros de la vida.

viernes, 11 de julio de 2008

En el cuarto


no me mira

el cuerpo de serpiente
de manzana en el paraíso
dulce gacela
brincando en la inocencia
cual víctima al alcance en la sabana

no me mira

busca y rebusca en el placar
las ropas para el día
las piernas en el aire
arqueando las palomas de los pies
hacia los nidos de las medias

no me mira

se toca la mirada
pinta en sus labios la pasión
sueña un bolero
en las olas que lamen
la playa en sed de mi retina

no me mira

mas sé que está expectante
al tintineo
que sufran mis cadenas

miércoles, 9 de julio de 2008

El último faro


El último faro

Si en el último faro no te encuentro,
perdido, sin amarras, sobre las frías olas,
bogaré en el océano, sin brújula,
más allá del alcance de sus rayos,
en la umbría expansión, sin retroceso.

Riscos hirientes y peñones firmes
asomarán amenazantes en las oscuras aguas,
y no podré impedir los daños a la quilla del buque.

Si no te enciendes antes de cruzar el límite
donde se inicia el abandono,
furiosos dioses de las soledades
saciarán sus terribles instintos en mi angustia,
y un gemebundo grito lanzaré sobre el faro.

Tú eres el amor, el sentido, la ruta,
la extrema luminaria, el astro roborante,
y perforas el mar con tus dedos de luz,
serenando los nudos de mis singladuras.

Gracias a ti la tierra reverdece todavía,
y las nubes adquieren su matiz de gloria,
y los humanos mausoleos resisten su esplendor antiguo.

Si en el último faro, cuando pase,
no acierte con tus luces,
iré a morir en la congoja eterna de amarte a la deriva.

Barco fantasma.