lunes, 30 de junio de 2008

La sed



tenía sed
enorme sed lo consumía

manaba el tiempo
inundando de sed su desventura
por las fiebres de su rutina
por los páramos de su mundo

como un reptil que rinde
su terrosa laguna evaporada
buscó entonces el río
por los caminos de las fieras
por los vuelos del buitre
con la sed incurable y lo encontró
viboreando en la llanura
surtiéndose a los pájaros

se detuvo a beber
a beber todo el tiempo se detuvo
todas las horas
de su horrible vigilia

la sed no se apagaba
no se apagaba nunca

se hizo árbol
y la sed no cedía
se hizo peje
y la sed persistía
devorando su entraña
mutándole en antorcha
en lumbre viva del hirviente río

y la sed no menguaba
no la menguaba el hambre
ni la angustia
ni el sueño
ni el delirio
ni el hombre
ni el poeta


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