jueves, 19 de junio de 2008

La ruptura


Denegado el pedido de ordalía,
degustaba el café su boca ausente;
y cuando dijo adiós, indiferente,
en ese bar perdí mi poesía.

Herido por la atmósfera baldía
del asiento sin ella y la inclemente
ola de desazón, un impotente
abandono retuvo mi agonía.

Recuerdo que observé con amargura,
hastiado de mi albur, tras los cristales
fundirse en el gentío su figura;

y, con ella, perderse los momentos
de mi vida, felices y esenciales,
el amor, a pesar de sus tormentos.

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