viernes, 9 de noviembre de 2018

La casa de la infancia

Todos se han ido.
El patio está enmalezado,
la casa está desatendida,
con telarañas, con hormigueros.
No hay nada que se pueda hacer.

A través de las puertas entreabiertas,
de las ventanas desclavadas
y de las tejas rotas,
la brisa de la eternidad
se ha llevado las risas últimas.
Y sigue llevándose todo.

Muy pocas voces quedan ya.
No hay allí posibilidad de charla,
de contar las anécdotas del día 
con sus chanzas.
No hay nada que se pueda hacer.
Nada que se pueda hacer al respecto.

¿Por qué entonces deambulan sin sentido
por sus rincones, enramadas, corredores,
si todos han partido,
si todo está sin gato, sin luz, sin mandarina,
y no hay ya nada que se pueda hacer ahí?

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